Silvia Goldman

Reseña de Viaje/Voyage

3 January, 2022

Cuando la palabra viaja, se abre.

Viaje/Voyage. Carolina Sánchez. Editorial Ultramarina: Sevilla, 2020 

 

Leer es, en este Viaje/Voyage de Carolina Sánchez, asediar las palabras, mirarlas bien, como si fueran objetos a los que deseamos porque nos revelan su distancia; leer es acortar esa distancia, viajar es desear. Hay una cierta sabiduría en la forma en que desea este libro. O, quizás, sea imaginación, eso que podríamos considerar una forma instrumentalizada de la empatía. 

Viaje/Voyage se inspira en Stalker (1977) de Andrei Tarkovski, película en la que tres hombres buscan una habitación capaz de volver realidad sus deseos más íntimos. Este libro es, a veces, la búsqueda de esos tres hombres y, otras veces, la habitación misma. O, mejor dicho, esa puerta que nos invita a explorar el lenguaje como habitación que desea y, por lo tanto, se abre. Quizás por eso uno de los poemas más emblemáticos de este libro se titule “Puerta”; el mismo nos invita a pensar sobre la puerta como una espera que se produce del otro lado del papel, del lenguaje:

 

De pie, fatigado / se pregunta / por la puerta / frente al papel / en blanco. // Alguna vez intentó escuchar / a través del papel: nada. / Puso el oído en cada rincón. / Se agachó.// Recorrió la habitación con los ojos cerrados, avanzó con las manos: //nada, nada.

 

Solo la esperanza de entrar / a otro lugar, / pero no una puerta. 

 

En ese otro lugar, frente al papel en blanco, esa puerta detrás de la cual se espera deviene esperanza, añoranza, deseo. Sobre todo, la puerta es un (deseo de) saber:

 

¿Es la puerta una sombra / que existe en tu cabeza? // ¿Es la puerta un engaño, / una trampa? // ¿Una cuarta pared / que se derriba / apenas con un gesto, / con la conciencia  / de que hay otro lado?

 

¿Va a morir / esperando una señal / de entrada?

 

Si hay una puerta, / se abre. / Se abre.

 

Es interesante el viaje y desplazamiento de los pronombres. El poema se mueve de la tercera persona a un impersonal que nos interpela y desea también la escucha de una respuesta. El poema, así, escucha, espera y se abre. Se abre porque desea. Por eso la puerta aquí es tanto apertura como cruce. Porque en este Viaje/Voyage, donde la palabra siempre tiene su eco en otra lengua (se trata de una edición bilingüe), la puerta es también umbral de otras lecturas: Kafka (de quien espera y muere esperando “ante la ley”), Dante (inscripción, advertencia), Rich (puerta que no hace promesas, cruce que nos hará ver doblemente; a dos visos). La palabra, en este viaje, también se dobla, se duplica y se nubla para que pensemos todas las formas posibles de precipitarla. Escuchamos, asimismo, en ese vaivén del castellano y del inglés (traducido con elegancia por el poeta Ariel Francisco), una zona donde el lenguaje se acumula en interrogantes y donde se vuelve concreta su materialidad dudosa, nublada. Nos dice la voz poética: Cada palabra es un viaje / a un paisaje desconocido, / donde el lenguaje es un eco / que nos devuelve la pregunta. Así, nos interpela y pregunta sobre la posición, y relación, de la palabra con el espacio; esto es, ¿de qué modo lo recorre y habita?, ¿de qué modo deviene cuerpo que se desplaza?

Asistimos, viajamos, por una lógica de sustantivos. Ya el título lo anticipa en ese recorrido implícito que traza entre el verbo “viajar” y su correspondiente sustantivo. El libro, de algún modo, se sostiene en ese desplazamiento, en ese tránsito de la acción a la nominación, a la encarnación del nombre, como si la palabra dejara de hacer, o de hacerse, para llegar a ser una suerte de objeto, de cosa hecha que podemos oler, mirar, tocar, notar tanto como presencia o como falta. El libro ensaya, en breves y diversos poemas, las maneras de definir ese viaje que se desea hacer. Quizás con el lenguaje como vehículo, pero también como paisaje último al que se desea una y otra vez volver. 

 

Viaje: /trazar la geografía / del enigma”

“Viaje:/ aprender a desaparecer/ en el paisaje”. 

Viaje: / regar en silencio una inquietud antigua, / buscarla en el olor infinito del eucalipto / y en la nostalgia del magnolio.”

Viaje: / buscar imágenes para los nombres”. 

 

A través de circunloquios, la escritura alcanza velocidad  y altura, y hace del pensamiento un fotograma de la lengua:  Fotograma tras fotograma / construye un tiempo / que lleva / a otra parte. Ahí, en esa intención de definir, de nombrar, este voyage es también una experiencia filosófica que se emociona, y congela, como en una fotografía, ante lo pensado. Las palabras son aquí objetos observados en la mitad de su vuelo, en la lentitud que los congela. Podemos pensar este libro como un ensayo sobre el viaje, más que como destino, como tránsito que es, a la vez, deseo de lenguaje. Parece decirnos el poema, viaje es al espacio lo que el deseo es al cuerpo: Viaje: / inventar una imagen / para la distancia. Tienen esa distancia en común. El viaje es la forma que asume el deseo cuando se desplaza. El cuerpo es la forma que asume el viaje cuando se hace. Y en esa distancia que ambos habitan está el lenguaje: “El camino es el pretexto / para llenar el tiempo/con palabras”. Viaje y cuerpo, parece sugerirnos la espléndida voz de Carolina Sánchez, son formas de poner el tiempo en lugares. 

Nada más acertado que los encabalgamientos, en el sentido en que los concibe Giorgio Agamben en su Idea de la prosa, como esa vacilación entre sentido y sonido, para dramatizar la forma en que esta voz asedia el lenguaje como aparición pero también como falta, como excavación de una presencia que nos acelera y, a la vez, detiene; como puerta que parece que se va a cerrar, pero se abre. Se abre.

____________

Silvia Goldman es poeta, docente e investigadora. Es doctora en Estudios Hispánicos por la Universidad de Brown y enseña en la Universidad de DePaul en Chicago. Publicó “árbol y otras ansiedades” (2021), “miedo” (2020), “De los peces la sed” (2018) y “Cinco movimientos del llanto” (2008). En el 2020 obtuvo un accésit en el Premio de Poesía FILLT 2020. Fue finalista del VI y VII Premio Internacional de poesía “Pilar Fernández Labrador” y del Premio Internacional de Poesía “Paralelo Cero 2020”.