Staff

Staff

Tejido con polillas

15 May, 2026

Seguir con el problema requiere generar parentescos raros: nos necesitamos recíprocamente en colaboraciones y combinaciones inesperadas, en pilas de compost calientes. Devenimos-con o no devenimos en absoluto.

 

-Donna Haraway, Seguir con el problema: Generar parentesco en el Chthuluceno

 

Dentro del torbellino político actual, recurro a Seguir con el problema (2016) de Donna Haraway y su énfasis en las relaciones multiespecies, los profundos enredos y la supervivencia colaborativa frente a las crisis ecológicas y sociales. Encuentro alivio temporal en las prácticas textiles tradicionales y actuales como sitios de resistencia, reparación y renovación potencial. ¿Qué nos ofrecen las metáforas y epistemologías de los textiles en estos tiempos apocalípticos? ¿Cómo podemos participar en la labor continua de tejer y remendar nuestra supervivencia, incluso al tiempo que se deshilacha y deshace? Al ensamblar este texto, incorporo hebras de la sabiduría mapuche sobre el ser y el tejido e ideas de Donna Haraway sobre seguir con el problema y generar parentescos raros. Exploro esto último a través de un enredo personal y frustrante con las polillas de la ropa. 

 

Agujeros en el tejido

 

Mis enemigas llegaron en un caballo de Troya, enterradas en las fibras de un suéter de cachemira. Una vez que eclosionaron, se lanzaron con determinación larvaria a alimentarse de las resistentes fibras de queratina utilizando toda su tecnología: mandíbulas especializadas, maxilas, glándulas….. Sin ser detectadas, cortaron, molieron, trituraron y pulverizaron sin parar durante varios meses. Tras su largo festín, hilaron capullos y cayeron en una siesta metamórfica durante la cual los jugos enzimáticos debilitaron el exoesqueleto y disolvieron el tejido conjuntivo. En este guiso, las larvas volvieron a ensamblarse en máquinas aéreas, completas con piezas bucales, alas y gónadas. Nunca fuimos testigos de sus rituales de apareamiento en oscuros armarios y cajas de almacenamiento invernal. En tres semanas perecerían, pero una nueva armada de destrucción se instalaba en zonas húmedas y mancilladas de prendas de lana y seda. La única huella de su embestida eran rastros de telarañas de seda.  Y agujeros. Muchos agujeros. 

 

Devenir con telares

 

Conocidos por su resistencia y riqueza cultural, los mapuches son un pueblo indígena del centro-sur de Chile y el suroeste de Argentina. Lucharon contra la expansión del imperio inca y resistieron a la colonización española. Hoy perseveran contra viento y marea, lidiando por la autodeterminación, la representación política y cultural y la restitución de sus tierras. Saben de sobra lo que significa seguir con el problema.

 

“Fue el telar el que acabó por tejerme. El telar me enseñó otra forma de afrontar la vida desde una comprensión más profunda”, afirma Eugenia Calquín durante su ponencia en el Seminario Saberes de Orígen Textil: Patrimonios en Resistencia organizado en marzo por El Colegio de San Luis, México. Junto con un grupo de mujeres tejedoras, Calquín, periodista y trabajadora intercultural, es también miembro fundadora de Mapuescuela, un centro de enseñanza para la preservación de la cultura mapuche donde el tejido se considera un “organismo vivo”, no sólo un producto final, que interconecta a los seres y la materia a través del tiempo y el espacio. Además de técnica, el tejido requiere conocimientos sobre el cuidado de los animales, el procesamiento de la lana y la elaboración de tintes vegetales y minerales. Profundamente ligados al ciclo agrícola, estos conocimientos se extienden e influyen en la estructura social mapuche, donde las mujeres son las principales transmisoras del arte de tejer. 

 

En Mapuescuela, tejedoras de todos los niveles se reúnen en círculo para compartir conocimientos ancestrales. A través de enseñanzas e historias, mantienen vivas las artes textiles mapuches y también su lengua. “El corazón de nuestra resistencia es la conversación”, dice Calquín. Dentro del círculo, símbolo de unidad y totalidad, los pichikeche (niños), se empapan de la sabiduría mapuche, uno de cuyos principios más importantes es que nos construimos con los demás. Calquín señala cómo el tejido encarna esta idea: “Una tejedora es responsable de unir elementos diversos. Este es el reto cuando nos encontramos con lo que es diferente a nosotros. Todas las formas de vida importan. Todo está interrelacionado e interconectado”.

 

Remendar el desenredo 

 

Mucho antes que la ciencia y la filosofía plantearan la interconexión de la naturaleza, el tejido la materializó evocando coexistencia y armonía. Pero las polillas de la ropa complican esta idea. Como especies sinantrópicas (del griego antiguo sýn “junto, con” y ánthrōpos “hombre”), las polillas de la ropa han vivido en la proximidad humana desde la domesticación de los animales lanudos hace unos 15.000 años. Están profundamente interconectadas con el tejido. Estuvieron presentes durante su nacimiento.

 

La idea de la interconexión puede ser reconfortante o una verdad incómoda, según la perspectiva y las circunstancias de cada uno. La realidad es mucho más compleja. En la actualidad, la nación y el mundo se rebelan contra el hecho innegable de nuestra interconexión. Una cruzada cruel y codiciosa está en pleno apogeo y se afana por deshacer, destruir y rehacer el entramado social en algo que parece lo contrario del tejido. Haraway nos exhorta a seguir con el problema —a afrontar las crisis ecológicas y sociales sin escapismo, negación o desesperación. Esto implica responsabilidad colectiva y generar parentescos raros —experimentar con formas de vivir en un mundo dañado acogiendo plenamente nuestra interconexión. Según Haraway, seguir con el problema implica una perspectiva “…siempre situada, en algún lugar y no en cualquier lugar, enredada y mundana” y “…en sintonía con un florecimiento finito aún posible, una recuperación aún posible”. Las tejedoras de Mapuescuela son un brillante ejemplo de ello. 

Apenas una semana después de las elecciones de 2024, mi ansiedad está por las nubes. A medida que bajan las temperaturas, las prendas de otoño van saliendo de los cajones. Las larvas de polilla han estado ocupadas; hay un gran agujero en mi par favorito de medias de lana, donde solía estar la entrepierna. ¿Ordeno un nuevo par en Amazon? Prefiero remendar. Me siento durante más de una hora a trabajar con aguja e hilo, reconstruyendo la urdimbre y la trama, remendando el agujero. Agradezco a mi abuela haberme enseñado lo básico. Me acompaña la sabiduría mapuche y la inspiración de Haraway a seguir con el problema. A pesar de la destrucción de las larvas de polilla y los recordatorios siempre presentes de los medios de comunicación sobre el constante deshilachado, me siento tranquila y resuelta. Hago mi pequeña. Remiendo un agujero. Mantengo viva una práctica.