Veronica Moraga

Veronica Moraga

Aztlán en el espejo: cuando México nos descubre

22 October, 2026

En septiembre me di una vuelta por CDMX. Entre paseo y trabajo; como profesora de español, cultura y literatura cada visita es una oportunidad para reinsertarme a la cultura y al constante cambio de la lengua.

Pero esta vez tenía un motivo oculto: visitar la exhibición Aztlán, túnel del tiempo, en el Museo del Palacio de Bellas Artes. Una muestra histórica en la que por primera vez un museo de esa envergadura dedica una sala completa al Arte Chicano.

La exhibición muestra, como su nombre lo indica, una conexión del lugar mítico del pueblo de Aztlán con las comunidades mexicoamericanas en Estados Unidos a través de obras e historias. La muestra convocó a más de 360,000 visitantes, un número no menor considerando que la comunidad mexicoamericana ha sido marginalizada o al menos institucionalmente invisibilizada en México desde tiempos de Vasconcelos, cuando en 1929 se exigió por primera vez el voto desde el extranjero, lucha que todavía sigue en pie. Después de décadas de producir desde los márgenes tanto en México como en Estados Unidos, el Arte Chicano merece esta reparación simbólica.

Una reparación simbólica que, además de la muestra en Bellas Artes, también por segunda ocasión se llevó a cabo el concurso México Canta, gestionado e impulsado por el Gobierno de México y la Secretaría de Cultura. México Canta, según su sitio web “es una convocatoria para personas músicas e intérpretes de México y Estados Unidos a crear nuevas narrativas musicales mediante letras que celebren el amor, el desamor y la grandeza de México”. Además de charlas en FILUNI sobre la diáspora mexicana en Estados Unidos, propuestas transnacionales, como Sones de México que pronto tocarán en la CDMX auspiciado por la UNAM que, como dijo Juan Diés en una entrevista “un sueño que siempre he querido lograr ya que el grupo nunca se ha presentado en México durante sus más de 30 años de trayectoria”.

En esta nueva dialéctica de la tierra prometida uno no puede dejar de cuestionarse el motivo principal de este despertar cultural.

El motivo económico podría ser, sin embargo, independientemente de iniciativas gubernamentales, la diáspora ya arroja 60 mil millones de dólares anuales en remesas, aproximadamente el 4.5% del PIB nacional, un número considerable.

¿Son las deportaciones masivas en Estados Unidos por lo que muchos compatriotas regresan a casa o la visibilidad de los paisanos? ¿Son las redes sociales? ¿Es la ambición del voto de los mexicanos en el extranjero?

 

La Constitución y la comunidad que no vota

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos es clara en su artículo 30: “son mexicanos por nacimiento no solo los que nacieron en territorio mexicano, sino también aquellos que nacieron en el extranjero siendo hijos de padre o madre mexicanos”. Eso significa que millones de personas que crecieron en Pilsen, en el East Side de Chicago, son constitucionalmente mexicanos —aunque nunca hayan pisado México, no hablen español “mexicano” y prefieran Chicken Nuggets al mole.

¿Será que México esté aprendiendo que hay una comunidad de 35,000,000 de posibles votantes —entre ciudadanos y descendientes— que son leales a México, incluso mucho más leales que los propios mexicanos?

La exhibición Aztlán, túnel del tiempo no es solo un acto de justicia cultural —aunque también lo sea. Es una estrategia tan vieja como la política misma: primero te hago sentir visto, reconocido, nombrado; luego te pido algo. O más precisamente, luego te ofrezco algo que en realidad me conviene a mí tanto como a ti.

Quiero aclarar, la muestra es bellísima, y al verla me sentí orgullosa de pertenecer a la gran familia de mexicanxs en Chicago, pero como nosotras, las que vivimos de este lado, que muchas veces nos hemos sentido utilizadas, tanto aquí como allá, estoy weary o lo que pueda pedir/ ofrecer el gobierno del país que me vio nacer.

 

 

*Todas las imágenes del texto forman parte de la exposición “Aztlán, túnel del tiempo”.

*Este artículo se publicó por primera vez en el sitio web de “El Beisman” el 6 de Octubre de 2026.

 


Verónica Moraga Guerra. Originaria de Hermosillo, Sonora, México, es profesora de español en el Departamento de Lenguas y Literaturas Romances de la University of Chicago. Es fundadora y directora de El Cafecito, un espacio que conecta a estudiantes de UChicago con la comunidad latine para impulsar el diálogo intercultural. En 2026 recibió el Diversity Leadership Award otorgado por la University of Chicago en reconocimiento a su liderazgo creativo y a sus contribuciones a la comunidad universitaria. Moraga Guerra ha sido coorganizadora de la Feria del Libro de Chicago por tres años consecutivos.