Staff
Marionetas de protesta vs. títeres del poder
15 May, 2026
En los pasillos de mármol del “Palacio del Pueblo” (el Chicago Cultural Center desde diciembre de 2024 a Abril de 2025), una marioneta de tres metros vivió una segunda vida, rodeada de sus hermanes distanciades, con cara de Jano, con su lado más ruidoso silenciado, escondido. “US–Israel War Machine” es una figura imponente del títere de guerra estadounidense, el Tío Sam, por un lado, y del primer ministro israelí y criminal de guerra Benjamin Netanyahu, por el otro. Sus manos, también de doble cara, están empapadas de la sangre de niñes gazatíes, y aparecen rodeadas de las bombas que construyen, compran, venden, lanzan y firman con sus nombres—entre risas—celebridades y políticos. Así que, sin sorpresa, un pequeño grupo de personas se indignó frente a la realidad del imperio, de la guerra, del genocidio. Lo que sí sorprendió a algunes de nosotres fue que la mayoría del Concejo Municipal de Chicago coincidiera en que esta obra debía ser censurada.
En enero de 2025, veintisiete concejales firmaron una carta exigiendo que se retirara la marioneta. Repitieron el estribillo que escuchamos una y otra vez de los defensores sionistas del genocidio: que era antisemita, obscena, llena de odio. Pero lo que realmente no podían soportar era lo que mostraba la marioneta: a Estados Unidos e Israel unidos en complicidad, asesinando niñes en Gaza.
La exposición, curada por Grace Needlman y Will Bishop como parte de “Potential Energy: Chicago Puppets Up Close,” fue una versión expandida de la extraordinaria muestra que el Public Media Institute, quien acoge a Lumpen Radio, Lumpen Magazine, la galería de Co-Prosperity entre otras iniciativas, organizó en dicha galería en el barrio de Bridgeport a finales de 2023. Incluyó múltiples programas: talleres, presentaciones de titiriteres queer, y un cruce con el Chicago International Puppet Festival. Incluso, coincidió con los primeros días del genocidio en Gaza, y sirvió como telón de fondo de algo más profundo.
Ese duelo tomó forma tangible por primera vez en Co-Prosperity el 7 de diciembre de 2023, el día en que organizamos la primera de lo que serían incontables jornadas por Gaza — “Poetas por Palestina”. En ese encuentro de poetas de toda la ciudad (porque les poetas siempre son la vanguardia), la gente se reunió en masa, llenando cada centímetro del piso entre las marionetas. Sucedió, por horrible coincidencia, que ese mismo día el brillante poeta palestino Refaat Alareer fue asesinado por un bombardeo israelí. Fue la primera vez que alguien leyó su último poema, “If I Must Die”, en voz alta en la galería. La primera vez que estuve en una sala llena de cientos de personas en silencio, llorando y estremeciéndose con las palabras:
“If I must die, you must live
to tell my story…”
Las marionetas de la exposición original nos rodeaban, mudas pero animadas, como si escucharan, como si guardaran con nosotres ese juramento: seguir contando la historia.
Y la historia, trágicamente, siguió; sigue hasta hoy. El genocidio persiste. El final de la historia parece ser lo único peor que la parte en la que vivimos ahora. Pero en aquel entonces… algunes aún tomaban en serio la palabra del presidente Biden, creían que él intentaría detenerlo, incluso mientras enviaba miles de millones en bombas para avivar el fuego que fingía querer “cesar.”
Así que volvimos a invitar a les titiriteres a Co-Properity en agosto de 2024 como parte central de “Democrazy,” una jornada de dos semanas que organizamos para artistas y activistas que se rehusaban a celebrar mientras la Convención Nacional Demócrata tomaba Chicago. Allí, entre carteles luminosos construidos junto a Chicago Dissenters y talleres diarios de resistencia creativa, artistas, vecines y voluntaries ensamblaron a mano decenas de marionetas grandes y pequeñas.
La marioneta US–Israel War Machine tomó dos semanas completas para construirse en la galería. Después, salió a las calles de Chicago una y otra vez, encabezando marchas, apareciendo en cientos de fotografías de prensa que circularon por el mundo. Era inconfundible. Era poderosa. Y era necesaria.
Lumpen Radio trabajó en conjunto con la Pacífica Network para transmitir las voces del pueblo desde la calle y desde dentro del centro de convenciones, utilizando señales independientes que se escucharon en todo el país. Mientras la maquinaria oficial del Partido Demócrata intentaba controlar el relato dentro de McCormick Place, las marionetas y les artistas afuera ofrecían otra verdad: una que no cabía en los discursos ni en las pantallas autorizadas.
Ya conoces el resto de la historia, pero el poema de Alareer nos obliga a repetirla. Trump ganó por un amplio margen, prometiendo acabar con el genocidio. Los demócratas siguen negando que su respaldo descarado a estos crímenes de guerra haya tenido algo que ver con su derrota histórica. Sin embargo, como muestran las encuestas, fue el tema más importante para les votantes que eligieron a Biden en 2020 pero no a Harris en 2024, superando incluso a la economía: 29% contra 24%. En estados clave como Wisconsin, Arizona y Michigan, el porcentaje fue aún más alto. (IMEU 2025).
Mientras tanto, Cisjordania y Gaza siguen sangrando.
Y hoy, en lo que va de esta segunda mitad del año, la escala de esa hemorragia es indescriptible. Según los últimos informes de OCHA, al menos 52,653 palestines han sido asesinades. Más de 15,000 eran niñes. Gaza se ha convertido, en palabras de la ONU, en “el lugar más peligroso del mundo para ser niñe.” Desde octubre de 2023, más de 210 periodistas han sido asesinades, convirtiéndose en el conflicto más letal para la prensa en la historia moderna. En las primeras semanas de mayo, Israel anunció sus planes de anexarse completamente la Franja de Gaza, estableciendo campos de concentración en el sur como antesala a una limpieza étnica total de la región.
La marioneta observaba todo esto desde su nuevo y poco probable hogar en el Chicago Cultural Center. Cada vez más personas acudían a verla, pero ya no era la misma. Había sido despojada del lenguaje que antes la contextualizaba. Lenguaje como los datos anteriores, que en diciembre de 2024 eran apenas un poco menores, pero aún así fueron considerados demasiado ofensivos para ser compartidos. En su lugar, se colocó una advertencia: quizá la marioneta podría resultar ofensiva para algunas personas.
No por evocar el horror de un genocidio, sino porque fanátiques han tergiversado el antisionismo hasta hacerlo pasar por antisemitismo. La carta de les concejales al alcalde Brandon Johnson fue una obra maestra de cobardía burocrática. Exigieron arrancar la marioneta, sollozando sobre fondos públicos y “estándares comunitarios.” Pidieron censura no porque la marioneta mintiera, sino porque decía la verdad brutal. Porque les hacía ver la sangre en sus propias manos.
El sionismo, y vale la pena repetirlo aunque sea desgastante, es una ideología colonialista usada para mantener un estado de apartheid brutal, una prisión al aire libre, y ahora, un genocidio en Gaza. El judaísmo, en cambio, es una religión milenaria cuyos practicantes más tradicionales han rechazado esta masacre impía. Varios de elles estaban protestando en las calles de Chicago junto a la marioneta, bajo las banderas de Jewish Voice for Peace y otras agrupaciones judías antisionistas.
A medida que la carta sionista se propagaba por los medios, el odio se filtraba también dentro del Cultural Center. En otro rincón de la exposición, una obra colaborativa — un pergamino larguísimo creado por una titiritere queer — fue vandalizada con mensajes diseñados para hacer pinkwashing de los crímenes de guerra israelíes. En Buddy, la tienda y espacio cultural que Public Media Institute gestiona dentro del centro, mis compañeres fueron acosades por un pequeño pero ruidoso grupo de agitadores sionistas furioses por la exposición. Preguntaban: “¿Por qué solo exhiben artistas judíes antisionistas aquí?”
Nada de esto es nuevo. Es el mismo manual desgastado de las guerras culturales de los años 80 y 90, cuando artistas que denunciaban la crueldad estadounidense frente al SIDA eran etiquetades de “indecentes” u “obscenes.” En aquel entonces, vimos a personas luchar y ganar algunas protecciones. Pero el apoyo institucional al arte en el nivel federal jamás se recuperó. Y hoy, mientras escribo estas líneas, el National Endowment for the Arts ya no existe.
La marioneta, también, es parte del pasado reciente. El intento de censurar “US–Israel War Machine” solo amplificó su grito. El pueblo resistió. Les concejales quedaron en ridículo. El Cultural Center y la alcaldía se convirtieron en el epicentro de una nueva guerra cultural, no de decencia, sino de complicidad.
Fue una pequeña victoria mantener la marioneta en pie; pero fue una batalla que una comunidad agotada no esperaba tener que pelear. Llevábamos un año gritando. Trump acababa de asumir. Nuestras vecinas y compañeres activistas estaban en riesgo de ser deportades. ¿Y esto era lo que preocupaba a les políticxs?
El genocidio en Gaza continúa. Las deportaciones han comenzado. Los cuerpos de niñes siguen siendo desenterrados de los escombros. Periodistas siguen siendo asesinades. Estudiantes y artistas siguen siendo silenciades. Les trabajadores humanitaries siguen siendo enterrades.
Pero aún hay poetas palestines con vida. Como Mosab Abu Toha, quien este año (2025) ganó el Premio Pulitzer por sus ensayos sobre el sufrimiento de su pueblo. Él habló entre las obras en Co-Prosperity el año pasado. Hizo llorar a toda la sala. Esta semana, fue atacado en MSNBC por decir que su familia—secuestrada—merecía ser llamada por su nombre: rehenes.
Y nos recuerda:
“Las fronteras son líneas inventadas, dibujadas con ceniza sobre los mapas y cosidas a la tierra con balas.”
— Mosab Abu Toha, Things You May Find Hidden in My Ear: Poems from Gaza

